El ocaso de la educacion avanza como una sombra sobre Argentina. Lentamente va derribando aquello que con tanto esfuerzo fue construido: libertad de enseñar y de libertad de aprender.
Las aulas ya no son lo que eran. Los maestros, agotados de jornadas laborales de 7.50 a 17.15, por 1200$, de llevar examenes a sus hogares para sentarse dos horas más corrigiéndolos, o preparando las clases, o preparando las planificaciones, ya no tienen energía para enfrentar a estos alumnos estresados que a veces desbordan con agresión.
El docente era respetado, era EL maestro. Ahora es una persona que no aprobó a mi hijo y por eso lo golpeo. Si los padres no respetan a los docentes, ¿como pretenden que sus hijos estudien? ¿como pretenden que sus hijos respeten al maestro? ¿como pretenden que sus hijos respeten el conocimiento? y la cadena sigue…
En esta suerte de democracia que algunos confunden con libertinaje, muchas cosas están en juego: la violencia familiar, las drogas, los embarazos… de todo tiene la culpa la escuela, pero esa misma escuela que nadie apoya, a la que ningún padre ya se acerca, a la cual nadie asiste a los actos, la cual fue muy abandonada y a la que todo le es recriminado.
Por eso, como en los mejores westerns, el héroe cansado va rumbo hacia al ocaso a buscar el final, proque nadie se atreve a ayudarlo o porque a nadie le importa.
Con más razón aún se lo observó en ese homenaje ausente en las aulas, en ese homenaje al muerto en una marcha en un día y hora, pero no el homenaje a la vida creativa de un docente durante el resto del año, desde aqui, hagamos homenaje emulando el estilo de enseñanza, con amor y creatividad todo el ciclo. Tratando de revertir estas sombras, iluminando el pensamiento, con una chispa de esperanza, que llegue a los hogares argentinos, donde las familias comprendan que la educación es la única salida.

