Visitando Amaicha del Valle dialogué con los descendientes de Los Quilmes, pueblo que allí habitó hasta su casi exterminio.
Disfrutando del paseo en las alturas, contemplando la ciudadela, el guía nos indicó que la mayoría la llama “Ruinas”, pero para ellos es “La ciudad Sagrada”. Aunque solo sea una denominación revela dos paradigmas, dos posiciones, frente a la historia. En una, nos enfrentamos a un cúmulo de piedras venidas abajo y decimos… pobrecitos. En la otra, observamos con atención como aún, después del desastre, conserva su mística, sus misterios, su energía, y decimos que sobrevivientes!.
La buena noticia es que a partir de este año los descendientes lograron hacerse cargo provisoriamente de la explotación turística del lugar, la cual hasta diciembre de 2007 estaba en manos de un empresario. El mismo, con poco tacto y mucha viveza, construyó un restaurant y un hotel, en las tierras sagradas… Finalmente luego de muchas idas y vueltas, se están gestionando los trámites y peticiones para que quede en manos de los descendientes.
En hora buena!!!


